Saint Stephen’s Letter

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Rev. RAYMOND PEREZ O.Praem
Rev. ROBERT HODGES O.Praem Associate for Germans
Rev. THEODORE SMITH O.Praem Associate for Hungarians


Notas Del Párroco…


El mes de Septiembre contiene pequeños recuerdos del otoño ya próximo. Los niños van preparándose para el primer día de la escuela y los días poco a poco se van haciendo más cortos. Quizá a alguno se le entre un poco de melancolía, la cual le causa ponderar un poco las cuestiones más profundas de la vida-¿ Por qué es que no todo pasa en forma fácil de predecir? ¿Tendrá sentido mi sufrimiento? Quizá por esta razón la Santa Madre Iglesia nos dé la fiesta de Madre de Dolores el día 15 de Septiembre. Aquí tenenmos a María, inmaculadamente concebida, llamada a ser Madre de Dios y quien será llevada al cielo cuerpo y alma, y sin embargo fue llamada a sufrir.

El sufrimiento es el mero medio que Nuestro Señor escogió para redimirnos. Siendo Dios, Cristo pudo haber borrado el sufrimiento. Sin embargo optó con abrazarlo y darle un nuevo sentido-es decir, se lo dio un sentido redentor. Nuestro Señor nos ha llamado a abrazar el sufrimiento en nuestras vidas y unirlo al suyo para la redención del mundo. El mismo San Pablo nos dice: “Ahora me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, pues así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su cuerpo, que es su iglesia” (Col. 1:24-25). Lo que San Pablo quiere decir es que el sufrimiento de Cristo en si mismo ( la redención objetiva ) es infinitamente suficiente para nuestra salvación. Sin embargo, esta redención tiene que ser aplicada a cada uno de nosotros (la redención objectiva ). Esto lo hacemos cuando nos llevamos la cruz. El Papa Pio XII, en su carta encíclica titulada El Cuerpo Místico , se las aplica aquellas palabras de Col. 1, 24 a María diciendo que Ella es la primera quien ofrece personalmente su cooperación total para llenar lo que “falta de los sufrimientos de Cristo.” Además, ningún otro ser humano ha sufrido con más sumisión completa a la voluntad divina. A este sufrimiento de Mariá, la iglesia en su magisterio ordinario, se la llama la “Compasión” (es decir, su pasión “con” su Hijo).

A nosotros nos toca imitar el ejemplo de María, uniendo nuestras penas, tanto las grandes como las pequeñas, a la pasión de Cristo para la salvación del mundo.